Un país de pobres

Julio Mario Salazar Restrepo

Julio Mario Salazar

Necesitamos más foco de los gobernantes de este país en cómo posicionar a Colombia, y en ser más productivos, para tener la capacidad de construir institucionalidad y mejorar el gasto social. Clic para tuitear

Julio Mario Salazar

De los comentarios que recibí después de mi última columna titulada “La tragedia de los comunes”, me llamó mucho la atención uno que me preguntaba si yo estaba sugiriendo que Colombia debía dejar de lado su producción de petróleo, carbón o aceite de palma. La pregunta me la hace el lector, rebatiendo la racionalidad de una hipotética acción como esta. El contexto es muy importante, porque plantearse algo así, solo se puede entender teniendo en cuenta el dilema de que estas industrias son dañinas para los ecosistemas y para el medio ambiente. El medio ambiente es un bien público (de toda la humanidad y de todas las especies con las que convivimos en el planeta), y el problema con los bienes públicos es que como no hay que pagar por su uso, el incentivo individual es explotarlo al máximo posible. Cuando ese uso implica un daño a ese bien público, y ese daño se paga entre todos, pues no hay incentivo individual para dejar de usarlo: el individuo recibe los beneficios y los costos los paga el público. El problema está en que todos los individuos (o al menos demasiados) pensarán igual, y en consecuencia, los costos se vuelven exponenciales… no es de extrañar, que estemos acabando con la sostenibilidad de la vida en el planeta.

 

Es en este contexto que se hace la pregunta: ¿Debería entonces Colombia abandonar las industrias que generan daño al medio ambiente?

 

Si Colombia fuese un país con múltiples fuentes de ingreso; exportador de alimentos, receptor de turistas a gran escala, prestador de servicios financieros o de salud, a clientes de todo el mundo; tal vez podríamos al menos considerarlo. Sin embargo, la realidad es que los colombianos poco le aportamos a la economía mundial. Por cada colombiano exportamos alrededor de 780 dólares al año (con el Covid ese número es inclusive inferior), que si lo comparamos con el promedio mundial: USD 2,432; o con el de Alemania: USD 17,900; obtenemos una perspectiva de lo poco que producimos y de lo poco que somos capaces de venderle al mundo. Si además de eso, vemos cuánto de esos USD 780 son de industrias extractivas que generan calentamiento global, la realidad es que nos quedamos con menos de USD 300 al año. Es francamente de sentarse a llorar. Más o menos, por cada colombiano, exportamos al mes USD 12 en alimentos y productos agropecuarios (ahí están las flores, el café y los aguacates de Petro), y USD 14 en manufacturas. ¿Muy triste… no?. En “buenas exportaciones” no llegamos ni a 100 mil pesos mensuales.

Obviamente, renunciar a esos 40 dólares por mes adicionales por colombiano que vienen de industrias dañinas para la sostenibilidad del planeta, no parece ser una opción en el corto plazo. Si un país importa más de lo que exporta, necesariamente tiene que haber entrada de capitales extranjeros, de lo contrario, el país será cada vez más pobre en términos relativos. Esa es nuestra realidad: dependemos de que extranjeros sigan queriendo invertir en el país para poder financiar nuestras importaciones y no ser cada vez más pobres. Mientras sigamos presentándonos al mundo como un país violento que además se la pasa protestando, pues como que no vamos por buen camino.

La falencia más grande que como país tenemos que enfrentar, es que no somos unas personas productivas; no hemos enfocado nuestros esfuerzos en producir bienes o servicios relevantes que la humanidad demande, y por eso, no podemos aspirar a la calidad de vida que tienen los pobladores de países ricos. Ahora estamos en una discusión interminable sobre si hacemos fracking o no. Desde el punto de vista ambiental, debería ser claro que es una estupidez seguir por ahí, pero como el palo no está para cucharas, digamos que seremos egoístas y toca aprovechar que hay petróleo para exportar todo lo que podamos. Lo malo es que mientras nos ponemos de acuerdo en si hacemos fracking o no, estamos dejando pasar el tiempo para de verdad armar una política exportadora diversificada, de bienes y servicios que realmente le aporten a la humanidad y de la cual podamos depender en el largo plazo. Solo como ejemplo, Perú paso de exportar 28 millones de dólares en arándanos en 2014 a USD 844 millones en 2019. En 5 años encontraron la manera de capitalizar una necesidad del mercado internacional, hacer las inversiones necesarias, y definir las políticas relevantes con visión de futuro. ¡Sí se puede!

La realidad mundial respecto al futuro de la industria del petróleo y del carbón, es un escenario cada vez peor para Colombia. En un análisis hecho por la revista The Economist, tres grandes cambios globales impactan la industria energética mundial. El primero, gracias a cambios como el que ocurrió en Estados Unidos (que a punta de fracking y otros esfuerzos pasó de gran importador a ser exportador neto), la oferta de petróleo, carbón y eventualmente gas natural, será tal que superará la demanda. Esto está también asociado al segundo gran cambio global: la mayoría de países ha reconocido que por el bien del medio ambiente, la dependencia en los combustibles fósiles tiene que acabar. Esfuerzos equivalentes a los que hizo Estados Unidos por dejar de depender de proveedores externos de combustibles fósiles, los hizo el resto del mundo por desarrollar métodos alternativos para generar energía de manera sostenible. Eso nos lleva al tercer gran cambio global: Electrificación. Antes del 2050, la energía para mover cosas provendrá en un 50% de corrientes y baterías; no en un 80% por combustión como pasa hoy en día.

¿Dónde está Colombia, en cuanto a su plan estratégico, para ser parte de la cadena de suministro de la nueva industria energética? ¿Estamos poniendo el mismo esfuerzo que le ponemos al fracking, en desarrollar fincas solares, o el know-how para generar, almacenar y distribuir energía proveniente del viento? ¿Hemos hecho un plan sólido para mejorar nuestra capacidad de extracción de minerales como litio, níquel, cobre, o la producción de cobalto y grafito… materiales todos necesarios para las baterías, paneles solares y otros elementos en la cadena de valor de las energías limpias?

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Colombia está en mora de sentarse a pensar cómo ser parte de la economía mundial. Y con tanta protestadera, nos va a dejar el tren. Necesitamos más foco de los gobernantes de este país en cómo posicionar a Colombia, y en ser más productivos, para tener la capacidad de construir institucionalidad y mejorar el gasto social. Si seguimos riñendo por las migajas que hoy producimos, Colombia seguirá siendo un país de pobres; al que el mundo dejará atrás, como le ha pasado a tantos países que se equivocaron en su visión.

Julio Mario Salazar
Acerca de Julio Mario Salazar 25 Articles
Vivir muchas y diversas experiencias con algo de hedonismo, enriquecerse con lecturas de todo tipo. Estimular la mente y compartir… porque la existencia es una aventura totalmente interior e individual, pero el significado de la misma lo encuentras en tu relación con los demás. Ingeniero Industrial de La Universidad de los Andes y MBA del Instituto de Empresa, pero Economista Político por pasión. Desde VP de multinacional grande, cabeza de empresas tecnológicas pequeñas, hasta funcionario público por puro amor al servicio. He vivido en Estados Unidos, España y Alemania solo por experimentar, ¡pero siempre vuelvo queriendo más a Colombia!