Una justicia torcida

Armando Barona Mesa

@BaronaMesa

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No, no son pamplinas, ni equivocaciones propias de los seres humanos lo que está ocurriendo en la más alta administración de justicia. Se ve un hilo conductor de propósitos comunes en busca de estropear el estado de derecho, la ética y la razón. ¿Causas políticas acaso aun en las altas Cortes ?
Es posible que la extralimitación obedezca a una recóndita etiología -causa- política. Se advierte sin dificultad un propósito de dañar al gobierno del presidente Duque y  a un ser al que aprendieron a odiar con odio de verdad: Alvaro Uribe. Pero, sin duda alguna, hay un beneficio remoto y preciso en favor del narcotráfico.
Al examinar este conjunto de sucesos lo que más duele es saber que esas Cortes, no ignorantes por cierto, saben que al fondo están ayudando a los narcotraficantes que nos han convertido en la república más criminal del mundo. Porque cuando favorecen las siembras de coca negando la aspersión aérea hasta llegar hace poco a las doscientas cincuenta mil hectáreas, se duplica la producción y naturalmente aumentan los homicidios y el terror con la existencia de las “disidencias” de la antigua guerrilla, que son las mayores productoras.
Veamos con algún detenimiento a ver si me estoy equivocando, o esto que escribo no tiene la serenidad analítica de quien conoce el derecho y la política.
En primer lugar, aunque no quieran ni verlo ni reconocerlo  los conspicuos enemigos del gobierno, la guerrilla colombiana de todos los motes o denominaciones, han sido narcotraficantes. Iniciaron con lo que se llamó entonces las “vacunas” y después, en alianzas con los más temibles carteles mexicanos, entraron en la producción y el establecimiento de “rutas” eficaces. Se enriquecieron hasta niveles insospechables -ahora disfrutan de esas “fortunas”- y dejaron los “laboratorios” hundidos en la manigua bajo su dominio, a donde acudieron después de los vistosos actos de la “paz” en los que actuó como una “vedette” y todo lo entregó, el presidente anterior en aras a lograr el Nobel, que ahora disfruta a plenitud dictando conferencias con honorarios altísimos en todo el mundo. Es hoy el apóstol de la paz, como Martin Luther King o Nelson Mandela. Aunque nunca haya habido paz después de aquellos costosos esfuerzos.
 Y fue él quien inventó la disyuntiva dilemática de que el que no estaba con la entrega total era enemigo de la paz. Ellos eran y son los amigos y los que tengamos algún reparo, los enemigos. Repudiable posición maniqueista.
Bueno, el asunto es que la Corte Constitucional prohibió que se fumigara con glifosato, alegando que este elemento dañaba la vida y el medio ambiente, cuando los ingenios azucareros del Valle del Cauca siempre lo han usado sin daño alguno sobreviniente. Parece que ahora van a volver a prohibirlo, no obstante la duplicación de las siembras. Y cuando la extradición a los Estados Unidos se hacía en virtud de unas normas de derecho internacional que tienen mayor fuerza vinculante, sin que precediera un análisis probatorio y juzgamiento en Colombia, le dieron el poder a la JEP de que pidiera pruebas y se atreviera a decir, en el caso de Santrich, que no había prueba de la época en que ocurrió el crimen cometido por éste, procediendo a otorgarle una libertad arbitraria contra pruebas insospechables objetivas, como los videos.
Y cuando la Fiscalía, asombrada ante este suceso aporta nuevas e indubitables pruebas y ordena la detención, la Corte Suprema vuelve a ordenar la libertad abusando de su posición suprema, alegando una condición de parlamentario que nunca adquirió, porque se venció el término sin posesionarse y no por una fuerza mayor cualquiera, sino por haber cometido un crimen de narcotráfico, que todos en este país hemos presenciado por dos videos. !Horror! Han quemado tiempo y lo siguen quemando en esos mismos propósitos. Y el Consejo de Estado se presta a toda la infamia.
Hay que recordar la cara de mártir que puso el delincuente cuando salía de la prisión y la arrogancia, sin silla de ruedas ni ayuda alguna, cuando arengaba desde un balcón a los incautos.
No, aunque esto parezca imposible, está allí toda la gran farsa de “Los intereses creados” de don Jacinto Benavente, y un Sardanápalo de infamia manejando los hilos de los fantoches.
Lo que acaba de ocurrir en la Corte Constitucional, después de varios estropicios al derecho, es abrumador. Vía libre al vicio y al narcotráfico en plazas y espacios públicos que el presidente Duque había protegido y le son anulados dos artículos claves al Código de Policía -en orden a golpear al gobierno de un presidente honrado- para que vuelvan a merodear los agentes del vicio a la vista de todo el mundo y buscando la forma de corromper con acceso directo a niños y jóvenes.
Ah, pero es que argumentan que tales normas atentaban contra el “libre desarrollo de la personalidad”, norma de la Carta que permitió a la misma Corporación decir que cada cual tiene el derecho de dejar que le arruinen su vida y dignidad humana cayendo en las redes narcotraficantes que destruyen al individuo y lo convierten en esos fantasmas vivos que ambulan por las calles y allí duermen, esclavos insalvables de la destrucción directa de los estupefacientes.
Una interpretación adecuada del derecho constitucional en que se apoya esa Corte señala que el Estado tiene la obligación de impedir que esos conmovedores cuadros crecientes, sean una constante de la libertad humana. No. Ese es  un adefesio jurídico contrario a todo humanismo. Al hombre de cualquier edad hay que prevenirle del peligro de su destrucción cerebral, y si ya cayó, hay que procurar salvarlo con tratamientos adecuados, aunque él no los quiera. Esa posición de la Corte Constitucional es, por supuesto, desde el punto de vista del derecho, una vergüenza ante el mundo.
¿Juegan a ir contra el gobierno ? No, juegan como “idiotas útiles” de los que se han dedicado al narcotráfico y a la política como un instrumento sucio de poder y riqueza. Rechacemos enérgicamente esas posturas que navegan hacia el caos del que esperan sacar provecho.

Armando Barona Mesa
Acerca de Armando Barona Mesa 3 Articles
Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.