Una muchacha nerviosa

ARMANDO BARONA MESA

@BaronaMesa

Una muchacha nerviosa Columna de Armando Barona Mesa Clic para tuitear

El día 14 de agosto fue terrible en los campos de la economía mundial. Las bolsas se sacudieron bajo el influjo de vientos que emanaban de China, Alemania, Inglaterra y el propio Estados Unidos. Un fantasma aterrador nos estremeció a todos, como en una película de Tarantino. Sucumbieron las monedas en bancos y por supuesto el valor de los bienes en general también sufrió un detrimento. En nuestro hemisferio se agigantó el dólar y se doblegó arbitrariamente el poder adquisitivo de nuestra platica, sin comprenderse por qué.        !Misterio! !Misterio!

        En Alemania, bajo el impacto de los conatos alcistas tributarios y las bravuconadas del señor Trump, la gente dejó de comprar para mantener a salvo sus ahorros en previsión de las desgracias futuras; y ahí comenzó a reflejarse una alteración deprimida de las compras, como consecuencia de lo cual tanto la industria como el comercio, ajustándose a la regla elemental de que si no hay consumo no hay comercio y por lo tanto se va perdiendo el empleo, afloraron los primeros síntomas de la temible deflación. Y, como en el efecto dominó una ficha que se voltee -estando todas alineadas- voltea a las otras, aparecieron y allí están, los primeros síntomas de una crisis mundial.

En nuestro hemisferio se agigantó el dólar y se doblegó arbitrariamente el poder adquisitivo de nuestra platica, sin comprenderse por qué. !Misterio! !Misterio! Clic para tuitear

        China ha tenido un gran desarrollo industrial que ha sobrepasado a Japón. Todo lo producen, aunque de menor calidad. Lo imitan y lo copian. Son unos genios en entrarle a todo y en llegar a todos los lugares con sus productos abaratados. Hasta los sombreros vueltiaos de los costeños y los tradicionales de Aguadas los hacen iguales o mejores. Y permean las aduanas y pasan por ellas hasta inundar las calles y pequeños almacenes donde la gente atropelladamente compra. No la calidad de los productos imitados, sino la apariencia y el buen precio.

        En Estados Unidos es igual, sin que el desplazamiento de las industrias que pagan impuestos se refleje en ningún beneficio tributario. Es precisamente ese desplazamiento el que conduce a los efectos desastrosos de la depresión. Bajan los precios sin que la gente tenga capacidad de compra. Y se viene encima la pérdida de los empleos y el cierre de fábricas y almacenes.

        Todo esto ocurre, digámoslo con franqueza entendible por todos, porque la economía, hoy globalizada, es como una muchacha nerviosa. Mejor, tal vez histérica. Cualquier movimiento, las declaraciones de un sopenco con notoriedad y mando, un impacto climático, un aumento en las tasas de interés, un discurso altisonante, unas amenazas laboriosas de un mandamás en celo, el estallido de un cohete, la aparición nocturna o diurna de un dron en plan de espía o ataque; y cualquier otra cosa que se diluya en tragedia, hace que se precipiten las acciones de las grandes compañías hacia la baja y se ve en el aire la amenaza de continuar el detrimento.

        Porque la histeria se apodera de la mente de los grandes financistas que, cuando la moneda cae un poco en favor del dólar, se precipitan pensando en perder menos en la compra de éste bajo la dirección de una ley universal que es la oferta y la demanda. Así es que, si sube esa moneda americana, convertida en patrón de todas las monedas, al comprar en masa los histéricos, la mayor demanda de la misma sube su precio y por lo tanto opera de ipso facto la devaluación de las otras.

        Nuestro debilucho peso, que se creía había alcanzado una cierta estabilización -para gloria económica de los exportadores y desgracia de los importadores y de la deuda pública- cuando alcanzó el nivel de los dos mil quinientos pesos por dólar, siguió bajando hasta los casi cuatro mil de hoy. ¿Por qué esta desgracia y hasta dónde llegará ? No se sabe. El ogro de los cuentos infantiles que devoraba niños, recupera su forma y se desata hambriento en la precipitud de la desgracia. Esto si un golpe de suerte no alivia el trance reduciendo las tasas de interés y estimulando la compra de bienes y servicios. Son cosas de esa niña caprichosa y al mismo tiempo temerosa y medrosa que es la economía.

        En este caso el anuncio y ejecución por parte del presidente Trump obligando a los chinos a pagar un arancel pesado para ellos, acostumbrados al manejo ligero y tradicional de sus exportaciones. Se diría que ese es un derecho y un deber del mandatario gringo con su mota elevada y bien teñida. Y muy seguramente, aunque los chinos declararon la guerra económica, bajarán el impuesto y volverá la paz económica. Todos los países tienen que cobrar impuestos y pagarlos cuando es a la inversa. La clave es alcanzar un equilibrio.

        Vale la pena leer lo que escribe John Kenneth Gaibraith, gran autoridad clásica en estas materias en su obra “El dinero”:

        “A mediados del siglo pasado, John Stuart Mill expuso en unas pocas frases los factores determinantes del valor del dinero, y de su poder adquisitivo:

        El valor o poder adquisitivo del dinero depende, en primer lugar, de la demanda y oferta… La oferta de dinero… es todo el dinero en circulación en un momento dado… la demanda de dinero consiste, una vez más, en todos los artículos ofrecidos en venta”

         O sea que, en un corto tiempo, tendrá que darse el acuerdo. Entonces volverá la aparente tranquilidad de los mercados, mientras la muchacha calmará sus nervios y aflojará las tensiones de la noche pasada. Será entonces elástica,  complaciente y dadivosa en la nueva noche. Hasta que …sus nervios vuelvan a tensionarse; … la angustia tornará a arrugar su entrecejo y … vuelve y juega.

En este caso el anuncio y ejecución por parte del presidente Trump obligando a los chinos a pagar un arancel pesado para ellos, acostumbrados al manejo ligero y tradicional de sus exportaciones. Clic para tuitear
Armando Barona Mesa
Acerca de Armando Barona Mesa 17 Articles
Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.