Uribismo para Millenials

César Augusto Betancourt Restrepo

César Augusto Betancourt Restrepo

@C88Caesar 

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En el 2002, cuando Uribe estaba apunto de asumir la Presidencia de Colombia, el común denominador en el país era la violencia narcoguerrillera y narcoparamilitar, la cual estaba caracterizada por las masacres, las tomas a municipios, las pescas milagrosas, los carros bomba, los secuestros, en definitiva, terrorismo puro y duro.

 En esos tiempos se decía que Colombia era un Estado Fallido, y después del fracaso del Caguán, las esperanzas del país estaban rotas, en el piso; la moral de toda una nación se desmoronaba mientras los terroristas vivían su bonanza cocalera.

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No hubo un momento más tenso en la historia reciente de Colombia, pues aunque recién pasábamos ese trágico instante en que el narcotráfico había corrompido todas las instituciones de poder con los Carteles de Medellín y Cali a la cabeza, nunca hubo un momento en que realmente desestabilizaran a las instituciones como pudo haber ocurrido a comienzos del nuevo milenio.

Quiero que los lectores entiendan que antes de ese 2002, Colombia se había perdido entre la desesperanza y el crimen, y aunque el presidente Andrés Pastrana ya había dado las luces suficientes para trazar el camino (Plan Colombia), se necesitaba la voluntad política y la consistencia ideológica para hacer de nuestro país, una Nación viable.

No es que con Uribe “viniera la guerra” como muchos pseudointelectuales y miembros de Fecode aseguran y gritan a pulmón vivo, sino que desde hace muchas décadas el país venía sobrellevando una serie de amenazas desestabilizadoras que prometían dejar ruinas y solo ruinas.

La figura de Álvaro Uribe Vélez fue entonces avasalladora, porque prácticamente desde los inicios de su Presidencia, todos los indicios de violencia empezaron a disminuir en picada (ver gráficas), y porque Colombia, esta tierra medio macondiana y medio surrealista, empezaba a avizorar algo de luz al final del túnel.

Colombia necesitaba a Uribe, no sólo para combatir la amenaza narcoterrorista de las AUC y de las Farc, sino porque requería esperanza, precisaba saber que a los violentos se les podía derrotar, y que pese a las intenciones oscuras de vecinos beligerantes, los intereses de nuestra Nación siempre iban a prevalecer.

Hoy, esa juventud, ese grupo denominado Millenials, gozó de la época de la Seguridad Democrática, pero creció sin historia, sin pasado, sin saber lo que era una bomba, un muerto cada día, un atentado al desayuno y un secuestro a la cena; ese grupo de jóvenes no supo lo que era una crisis económica ni una democracia tambaleante, mientras los populismos destrozaban países hermanos como Venezuela, Bolivia, Brasil y Argentina.

Pero a los enemigos de la verdad no les ha temblado la mano, la pluma ni la chequera para desprestigiar una época próspera para Colombia, y para crear una especie de mito antagónico llamado Álvaro Uribe, contaminando un legado fundamental democrático en nuestra juventud.

Tergiversando la realidad de lo que significó Uribe en su momento, han creado una fuerza política contraria que lucha contra todo un legado democrático que dejó el ex Presidente, para desfigurar unos principios y poder vencer en los imaginarios colectivos a quien no le han podido endilgar ni culpar de nada.

Esos mercenarios de la verdad y de la memoria histórica, le han querido vender a Colombia una “guerra” para justificar una “paz”, que no es más que un indulto grosero a los enemigos del Estado, y le han querido contar al pueblo un cuento que no es, para que tomemos las decisiones que no nos convienen e idolatremos a quienes no les hubiera temblado la mano para pegarnos el tiro de gracia.

le han querido contar al pueblo un cuento que no es, para que tomemos las decisiones que no nos convienen e idolatremos a quienes no les hubiera temblado la mano para pegarnos el tiro de gracia. Clic para tuitear

Con este artículo tampoco quiero decir que no se mire con ojos críticos la Administración de Uribe Vélez, pero cualquier juicio y/o debate sobre el periodo en que fue Presidente debe superar la ligereza y la caricatura, para no caer en el juego de los detractores de la democracia que quieren derribar los cimientos de un camino bien construido.

Es fundamental que nuestra juventud se forme sin odios infundados a partir de caricaturas vulgares, y aunque puedan no sentirse representados en lo que Uribe y el Centro Democrático promulgan, es necesario que pasen la hoja del antiuribismo irracional y visceral, para construir una mejor Colombia desde la diferencia, porque el futuro es de todos.

Post Data: Explicación de las Gráficas del Centro Nacional de Memoria Histórica 

Se ha dicho constantemente que ni las Fuerzas Armadas, ni las Farc se pudieron derrotar la una a la otra, pero al hacer un estudio sobre las gráficas que ofrece el Centro Nacional de Memoria Histórica, las conclusiones son diferentes (ver gráficas 1 a 11). 

Estas estadísticas nos señalan que la escalada del conflicto interno tuvo un aumento en los primeros años de la década de los 90, alcanzando su ápice en el Gobierno de Andrés Pastrana, cuando las Farc y las AUC alcanzaron un gran poder criminal en el país, sin embargo, desde el 2002 los índices de civiles y combatientes muertos, modalidades de violencia, evolución de los secuestros, víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto, civiles muertos en acciones bélicas, evolución de ataques a poblaciones, víctimas de minas antipersona, daño a bienes civiles, evolución de atentados terroristas, masacres con sevicia y masacres, bajan considerablemente, lo que indica que la política de Seguridad Democrática sí estaba funcionando.

Basta con recordar los golpes contundentes contra las Farc como las operaciones en las que resultaron abatidos alias Raúl Reyes, alias el Negro Acacio, alias el Mono Jojoy,  entre otros, que dan fe del resultado de las acciones que emprendieron las Fuerzas Armadas de Colombia. 

Sin embargo, hay que recordar que la política de Seguridad Democrática no se basó únicamente en el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y su ofensiva contra el narcoterrorismo, sino que también incluyó una fuerte campaña de desmovilización, que logró que entre los periodos 2003-2012, 54.839 personas dejaran de pertenecer a grupos terroristas, entre ellos 15.852 miembros de las Farc, lo cual es muy superior al número de integrantes que supuestamente poseía las Farc antes del supuesto desarme (6.300 guerrilleros según la Procuraduría General de la Nación) (ver gráfica 12).

 

Según el Ministerio de Defensa, del total de operaciones durante el 2002-2010, 75.000 fueron contra las Farc, los cuales dejaron un número de 33.000 guerrilleros capturados, 15.852 desmovilizados y 12.800 abatidos. De estas cifras el 1,17% son operaciones cuestionadas y que terminaron en casos de los llamados falsos positivos (caso aberrante, pero que no muestra ninguna sistematización y mucho menos una política de Estado como muchos han pretendido señalar, de hecho se salvaron más de 45.000 vidas). 

Por lo anterior se puede concluir que: 

  1. Las Farc estaban derrotadas militarmente y desmoralizadas, por lo que no se entiende por qué el ex presidente Juan Manuel Santos las equiparó como una fuerza bélica de iguales magnitudes a las de las Fuerzas Armadas, y más allá, se dispuso a negociar la agenda del país con un grupo terrorista agónico, emulando las famosas palabras “Lázaro, levántate y anda”, solo que en este caso no se trataban de ningunos buenos samaritanos, sino de terroristas que durante años se dedicaron a secuestrar, matar, masacrar, traficar, violar, reclutar menores y profundizar la crisis social y económica del país.
  2. Como bien lo explicó la entonces candidata presidencial y hoy Vicepresidente de Colombia, Marta Lucía Ramírez, en el 2014, la política de Seguridad Democrática pretendía acabar con el conflicto de manera negociada, pero bajo términos muy diferentes en materia de impunidad y elegibilidad política, a los que terminó accediendo el Gobierno de Juan Manuel Santos.
  3. La política de Seguridad Democrática fue la respuesta natural y obligatoria del Estado ante la escalada criminal de grupos narcoterroristas como las Farc y las AUC, en aras de proteger la vida de los ciudadanos.
  4. Colombia no vivió una guerra, como lo han querido vender, sino una amenaza narcoterrorista. El término guerra fue acuñado en el Gobierno de Santos, para poder vender un programa de impunidad que bautizaron con el nombre de “paz”.
  5. El Estado no puede negociar la agenda del país y la participación política con un grupo terrorista, lo único que tendría que negociar es la agenda de sometimiento ante la ley y la constitución colombiana.
César Augusto Betancourt Restrepo
Acerca de César Augusto Betancourt Restrepo 16 Articles
Soy Profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Cordovista hasta los tuétanos, ciclista amateur enamorado de Medellín y admirador de Oscar Wilde, Freddy Mercury y Salvador Dalí. Escribo con alma, vida y sombrero. #DogLover #MejorEnBici