Veinticinco Años del Mandato de los Niños por la Paz

Orlando Abello

La Voz de los Niños es la voz de Dios. Clic para tuitear

 

Corría el año de 1996 cuando acudieron a mi despacho en la Registraduría Nacional del Estado Civil: Cecilio Adorna, Representante de UNICEF en Colombia, Nidya Quiroz y Clara Barona de Ayerbe, funcionarias de la misma entidad, y Ana Teresa Bernal en representación de la Red de Solidaridad por la Paz (REDEPAZ).

El propósito -de lo que resultó un reto de dimensiones fantásticas-, era solicitar apoyo institucional de la Organización Electoral para colaborar en la convocatoria, organización, celebración y escrutinio de una consulta popular que permitiera al mayor número de niños y niñas posible de Colombia votar, entre un catálogo de derechos, el de su preferencia, de una manera clara, expresa y libre.

Esos niños que en esa época promediaban la edad de 10 años, ahora son ciudadanos profesionales que frisan los 35 años, y algunos de ellos acreditan formidable preparación académica y desempeñan altos cargos de responsabilidad en las distintas ramas del poder público y en la sociedad civil, conforme a su excelencia profesional.

Además, tienen en su haber la formidable experiencia de haber sido protagonistas de primera línea en el Mandato de los Niños por la Paz, lo que los califica con indiscutible autoridad política y moral para reconstruir la memoria histórica en que están empeñados, con ocasión de cumplirse próximamente 25 años de ese hito que marcó el inicio de una serie de acciones de paz, en las que se involucró la ciudadanía y fue atendida por los subsiguientes gobiernos como una obligación vinculante.

En mi opinión, no dudo ni exagero al considerarlos “Los Precursores” de todas las acciones de paz implementadas a partir de ese año en el acontecer nacional. El éxito de esta jornada democrática, en la que los niños dieron ejemplo a sus padres, justamente motivó -un año después- la convocatoria del “Mandato ciudadano por la paz”, al que concurrieron más de 10 millones de ciudadanos a votar masiva y afirmativamente por una “séptima papeleta”, que obtuvo mayor número de votos que los que los que sacaron los candidatos a las corporaciones públicas y a cargos unipersonales coetáneamente elegidos en las elecciones regionales del 26 de octubre de 1997.

En efecto, a mediados de 1997 me volvieron a visitar los mismos personajes que lo hicieron en 1996, esta vez acompañados por Francisco Santos Calderón y Claudia de Francisco, el primero en su condición de presidente de la ONG País Libre. El objeto de la reunión era promover el plebiscito por la paz arriba mencionado.

Como consecuencia del contundente resultado del Mandato Ciudadano por la Paz, el presidente elegido en 1998 Andrés Pastrana Arango inauguró su mandato manifestando en su discurso de posesión que tenía el mandato obligatorio y vinculante de buscar acuerdos de paz derivados de la voluntad soberana expresada en las urnas. De igual manera procedieron todos sus sucesores. ¿Con éxito o sin éxito?, esto está por verse, no soy yo quien pueda emitir un juicio al respecto, será la historia quien los premie o los demande.

Pero lo que me he propuesto compartir con mis amables lectores al en esta columna, es la conmemoración y celebración con todos los niños y niñas de Colombia, los 25 años del Mandato de los Niños por la Paz.

Evento que no solo fue ejemplo para el país, sino que trascendió sus fronteras, al punto que fue postulado para Premio Nobel de Paz. Y hubiera sido justo otorgarle esta distinción, sin duda con sobrados méritos.

Participaron 2 millones setecientos mil niños en 500 municipios de 24 departamentos del país, para lo cual se instalaron 10.000 mesas y 5.000 puestos de votación ubicados en escuelas.

Pero lo más relevante es, que más de la mitad de los votantes lo hicieron por los derechos a la vida, a la paz y a contar con el amor y cuidado de la familia, descartando otros derechos que quizás, en otra nación donde se disfrute de una convivencia pacífica, hubiesen sido seleccionados. Pero no podemos olvidar que precisamente esas décadas de los ochenta y noventa fue martirizada por los más horrendos magnicidios, actos terroristas y reclutamiento de menores. Y eso estaba fresco en la retina de esos niños que -como dijimos- promediaban 10 años de existencia en esas calendas.

El tarjetón ofrecía otras alternativas atractivas para ellos:

A Derecho a la vida
B Derecho a la Educación
C Derecho al amor y a la familia
D Derecho al ambiente sano
E Derecho a la diferencia
F Derecho al cuidado especial
G Derecho a no trabajar antes de la edad permitida
H Derecho a la libertad de expresión
I Derecho al buen trato
J Derecho a ser los primeros
K Derecho a la paz
L Derecho a la Justicia

La inmensa mayoría de los votantes lo hicieron por el Derecho a la Paz y el Derecho a la Vida.

Escuchamos y repetimos con frecuencia “Vox populi, vox Dei”, en latín literalmente la voz del pueblo es la voz de Dios. Este predicamento califica con mayor razón, cuando -como en este caso- se trata de la voz pura e incontaminada de los niños.
Aquí sí que resulta válido afirmar:

LA VOZ DE LOS NIÑOS ES LA VOZ DE DIOS

Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 29 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.