Venezuela ¿una guerra de cuarta generación?

John Marulanda

@JohnMarulandaM

Venezuela ¿una guerra de cuarta generación? Columna de John Marulanda Clic para tuitear

El TIAR, fosilizado desde su creación en 1947, se reactivó dos semanas después de las maromas militares de Maduro en el Táchira. Y es que el escenario colombo-venezolano-latinoamericano, se está convirtiendo en campo de pruebas para que los rivales del Tío Sam, ejerciten viejas técnicas de guerra con nuevas tecnologías.

En la doctrina de Guerra Asimétrica del socialismo del siglo 21, las fronteras y las fuerzas regulares son distractores, mientras la verdadera Ofensiva utiliza medios no convencionales: trolls, bots, hackers, criptomonedas, ciberataques, entre otros. Territorio y soberanía, son conceptos revaluados frente a las realidades de estos conflictos de 4ª generación, que inclusive han llevado a la primera potencia militar a actuar en Venezuela con cautela, que por momentos pareciera timidez.

La guerra cibernética desde Caracas, está orientada y apoyada por Rusia, que tiene la experiencia de Ucrania en 2014, y eventualmente por China que utiliza redes sociales y organizaciones mafiosas subrogadas contra las protestas de Hong Kong.

Territorio y soberanía, son conceptos revaluados frente a las realidades de estos conflictos de 4ª generación, que inclusive han llevado a la primera potencia militar a actuar en Venezuela con cautela Clic para tuitear

La nueva estrategia involucra  redes del crimen organizado transnacional del narcotráfico y de la minería ilegal, que financian  el asunto; mercenarios como los de la empresa rusa de seguridad privada Wagner; narco organizaciones armadas “no gubernamentales” como las células farc-eln, cuya relación con Miraflores se niega; el empleo de drones fabricados en Venezuela con tecnología iraní (recordemos lo que acaba de suceder en Arabia Saudita) y el potencial manejo político de desplazados, en lo que Turquía, los migrantes sirios y Europa serían un eventual ejemplo a seguir.

Atentados urbanos, de pronto apagones inexplicables y periodistas coludidos apuntalarán el plan; fake news, como el caso de las fotos de Guaidó con paramilitares, o espantajos como el de Zukhois llegando en 15” a Bogotá, aumentarán en frecuencia e intensidad.

Un incidente o un “accidente” militar fronterizo con munición real, sin embargo, es siempre una opción, ahora que Washington le ha dado 52 millones de dólares a Guaidó, que seguramente se administrarán desde Bogotá, para “restaurar la democracia”.

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