Viaje inesperado

Alvaro Mejía Vásquez

Alvaro Mejía Vásquez
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Alvaro Mejía

Con solo  poder escribir y teniendo imaginación, en cualquier parte y sitio puede uno sacar a relucir un cuento y eso me pasó alguna vez cuando a eso de las tres de la tarde más o menos en una tarde fresca y arrebolada, un cielo  azul intenso con pequeñas nubes circulando por el firmamento,  hallábame en mi sillón preferido leyendo Robinson Crusoe de Daniel de Foe y oyendo el Barbero de Sevilla de Giaccomo Rossini por la orquesta de André  Kostelanetz y degustando una rica ensalada de frutas con helado de vainilla.

Afuera, cerca de la quebrada La Escopetería que delimitaba mi casa, un grupo de muchachos jugaban un partido de futbol, a su alrededor, las barras que animaban con sus expresiones grotescas y vulgares propias de la despersonalización de las masas o multitudes hacían una bulla aterradora. Por momentos, no me dejaban concentrar en mi imaginario recorrer por las playas con animales, palmeras llenas de cocos, la caliente arena y otras propiedades que por mi mente recorrían debido a mi lectura de marras y citada anteriormente.

En mi entorno, comenzó a invadirme un olorcillo muy propio de la actualidad y más con el acontecer que se estaba sucediendo con los muchachos allá afuera. Después de más o menos 45 largos e interminables minutos se me fue metiendo por mis fosas nasales dicho olor recorriendo por mis ojos, piel, cerebro, llegando casi hasta mis pulmones, es decir me tenía  bajo su poder una densa nubecilla de humo y olor insoportable que llaman “bareto”, “porro”, “pucho o mariguana” .

Saliéndome de casillas cerré mi libro en la página 78 y con una sensación de malestar y medio trabado sin culpa, salí a caminar a eso de las 4 de la tarde abandonando de una mi bocatto di cardinali” y mi sesión de música orquestada . Al salir, vi en vez de uno a dos porteros igualiticos y muy parecidos para más señas. Recorrí las calles solitarias como cosa rara pues es un barrio de mucho tránsito y me interné en un bosque que no había visto en el tiempo que llevaba viviendo en esa casa. Anduve por no sé cuantos segundos, minutos u horas y ya entrada la noche los árboles se me asemejaban a figuras espantosas junto con sus sombras que querían atraparme, desesperado trataba de gritar y mi voz no salía, mis gritos se quedaban adentro recorriendo todo mi ser, correr no podía, llorar no lo lograba, en esas resbalé y caí cuan largo era, al no tener quien me levantara me quedé tirado en el mullido piso de una pinera. Sentía pajaritos que trinaban muy lindo revoloteando alrededor mío en actitud de paz y tranquilidad. Era tal la obscuridad que no veía ni para escupir. En medio de esos imaginarios reales oí ruidos de pisadas y al abrir mis arcos oculares vi que me rodeaban varios punticos luminosos que se movían con mucho sigilo y en completa coordinación, sin ni arrimárseme, ni tocarme y si muy asustadizos. Volví a quedarme placenteramente dormido y por mi mente todavía con ese extraño humillo o casi humareda recordé pasajes de mi vida: Mi primera comunión, mi primer traído del Niño Jesús, el triciclo marrón y gris admiración de la chiquillada del barrio , mis maestras en María Auxiliadora, y en el Colegio de San José cuando por mi hiperactividad hacían que mis papás fueran a hablar con el rector de turno, Mientras, a mi alrededor se descorría el velo de la noche y con la luz del día vi gran cantidad de animalitos de monte que sin acercarse  me acompañaban, vi también papagallos, loras multicolores, unicornios, pegasos, búhos . muchos animales. En esas un helicóptero anaranjado me pasaba cada vez más cerquita y me asustaba pensando que me iban a matar por estar en ese predio sin permiso, pero no, después aguzando mis sentidos, oí que me llamaban de todos los lados con un megáfono:  ALVARO, ALVAROOOOO. Cuando me vieron y los tuve cerca, vi que eran mis amigos compañeros de Bomberos Medellín y personal de médicos, policía, Cruz Roja, Defensa Civil y un sacerdote que ante mi ausencia de una noche de traba sin querer, se habían preocupado tanto que hasta unos reporteros me entrevistaron.  Y al otro día en los periódicos y en la televisión en primera página salía a grandes letras y encabezados:

 “Encontrado líder de la comuna 10 con vida y en muy mal estado y todo debido a las barras fumadoras de mariguana de un partido de futbol el día anterior, hacemos votos por su total recuperación o sobre todo para que siga igual que antes: Alumno de Literatura, Poeta, deportista, piropero, amigo de todos y «loco» pero de los buenos.”

Acerca de Álvaro Mejía Vásquez 16 Articles
Paisa. Voluntario como bombero, guarda de tránsito y Paramédico. Ciclista, atleta, tenista, presidente de dos ligas en Medellín: la de tiro con arco y la de ciclismo recreativo, creyente, periodista del Ciprec, poeta, periodista y escritor. Promotor Ambiental, de Convivencia, de Seguridad ciudadana y Veedor Cívico Papá de gemelas. Vivo en Medellín,