Violencia política contra las mujeres

Jennifer Arias Falla

Jennifer Arias Falla

“Las vaginas del Senado se llenaron de malos pensamientos” fue la frase con la que, en 1998, el exsenador Roberto Gerlein se despachó contra las mujeres que en aquel entonces hacían parte del Congreso de la República. Una expresión auténtica de ese machismo despectivo y hasta repulsivo, que han tenido que soportar las mujeres durante décadas en Colombia, al tiempo que ponía sobre el tapete el hecho que la violencia contra la mujer tiene tantas formas, que ni siquiera la política es ajena a este flagelo.

Comparto experiencias con mujeres que justamente por ser mujeres, han vivido lo indecible, pero que también han aprendido que ya no es hora de callar, y a eso las invito a todas. Esta lucha continúa y a eso le apostamos. Clic para tuitear
Jennifer Arias Falla

Y es que para las mujeres que un día decidimos incursionar en la política, la tarea no resulta nada fácil. A pesar de lo ganado en la lucha centenaria de tantas mujeres que lo dieron todo para ganarse un espacio en la sociedad, hasta hoy el panorama sigue siendo gris en materia de igualdad y equidad de género.

En un país como el nuestro, donde desde hace años son comunes las noticias sobre golpizas, secuestros, violaciones y hasta feminicidios, pues es casi lógico que la violencia política sea un tema que poco se aborde, aunque este sea un fenómeno presente casi a diario, y no es de extrañarse, si tenemos en cuenta que solo fue hasta 1954 cuando se aprobó que las mujeres pudieran ejercer su derecho al voto, y como no era época de elecciones, fue sólo hasta 1957 cuando pudieron comenzar elegir a sus gobernantes, y a participar activamente en política, aunque luego, y durante años su participación fue muy poca.

Desde la constitución de 1991 la participación de la mujer en la política pasó de un discreto 8% a un 23% por ciento. De otra parte la Ley 581 de 2000 conocida también como Ley de cuotas, obliga a los partidos políticos a conformar listas a corporaciones públicas con un 30 por ciento de participación. Sin embargo, la presencia de las mujeres en el Congreso y otros escenarios sigue siendo muy baja, y esto se da por factores que van desde campañas políticas donde las mujeres tienen que superar de sus contrincantes políticos, cosas como la violencia psicológica discriminación, difamación, descalificación etc., hasta la intimidación, amenazas y hasta homicidios.

Sucede en muchos casos que, una vez la mujer alcanza un cargo público en nuestro país, ya sea por elección popular o por nombramiento directo en entidades del sector público, comienza a ser víctima de presiones de todo tipo, y esto lo vimos hace muy poco en la propia Corte Constitucional, donde un reciente escándalo puso al descubierto prácticas como el acoso laboral y sexual de que fueron objeto muchas mujeres que llegaron a desempeñar sus labores en esa entidad.

Si se trata de cargos de elección popular, la situación es igual de grave, aunque menos visible. La violencia contra la mujer en la política es tan común y tan grave, que es una de las causas de la baja participación en estos escenarios. Por ejemplo, hasta hoy se sigue viendo esa violencia simbólica donde a una mujer Concejal, Diputada o Congresista le apagan el micrófono, le acortan el tiempo de su intervención, o le niegan continuamente la palabra. Ni qué decir cuando los hombres abandonan el Recinto mientras una mujer interviene.

Todos estos actos, aunque pasen a veces desapercibidos, son los que hacen que la participación de la mujer en política sea reducida, tanto, que en las últimas elecciones para el Congreso se inscribieron 308 mujeres para el Senado; sin embargo, sólo 25 de ellas alcanzaron una curul. Mucho más triste fue el caso de la Cámara de Representantes, donde 637 mujeres se inscribieron, pero solo 31 lograron el escaño, el mismo número que en 2014. Hoy en el Congreso de la República hay conmigo 57 mujeres, es decir solo el 21, 7 % del total de 258 congresistas.

A esta desigualdad se suman los ataques desde las redes sociales, que son otra manifestación de violencia política que se nos volvió común, sin importar el daño que se cause. De un tiempo para acá se volvió deporte atacar y ridiculizar a la mujer que participa en política, o en cualquier ámbito de la función pública. Hoy ya no se debate desde los argumentos, sino que se busca la manera de descalificarlas, desestimar sus capacidades, y agredirlas con frases soeces, y términos hirientes que van más allá del insulto, y algunas veces rayan en lo grotesco.

Yo misma fui víctima de difamación y calumnias cuando a alguien se le ocurrió por el color de mis uñas, relacionarme con una foto de contenido sexual, imagen que se volvió viral en redes, y de la que derivaron comentarios no solo desobligantes, sino además denigrantes y degradantes en mi condición de mujer, y que a la postre generaron comentarios y burlas por parte incluso, de algunos compañeros que no escatimaron en hacer comentarios hirientes en los pasillos.

Créanme, por fuerte que sea una mujer, nunca está preparada para recibir esta clase de ataques y burlas que claramente son violencia, una forma cruel y soterrada de discriminación, llámese violencia de género, o violencia política contra la mujer, este es un fantasma que tiene que desaparecer. ¿Saben qué es más triste y desobligante? pues que muchas veces estas acciones que incluyen difamación, calumnia y burlas, son orquestadas desde las mismas redes sociales de hombres, muchos de ellos funcionarios públicos tan pusilánimes, que pese a tener familia, con esposa y hasta en muchos casos, hijas mujeres, siguen viendo a la mujer en general como a un objeto.

Se quedaron en una especie de periodo paleolítico que hace que, sin pudor alguno, se sienten hasta orgullosos de llevar por dentro a ese tipo de «Gerlein» que agrede a la mujer, que la discrimina sin medir consecuencias, y que representa al típico macho que sigue convencido que tiene derecho a pisotear la honra de la mujer por ostentar algún grado de poder, o por el simple hecho de haber nacido varón. ¡Vaya cosa más absurda!

Es claro que el mundo ha cambiado para las mujeres, mas no ha sido fácil, cada espacio ganado es fruto de la lucha reitero, centenaria, de aquellas que han venido trabajando desde tiempos inmemoriales para ganarse un espacio. Pero aún nos falta mucho. Hago parte de la Comisión de la Mujer en la Cámara de Representantes, y desde allí comparto experiencias con mujeres que justamente por ser mujeres, han vivido lo indecible, pero que también han aprendido que ya no es hora de callar, y a eso las invito a todas. Esta lucha continúa y a eso le apostamos. Nos merecemos un mejor país, uno que podamos legar tranquilamente a las mujeres del mañana.

Jennifer Arias Falla
Acerca de Jennifer Arias Falla 12 Articles
Ingeniera Industrial de la Universidad de Los Andes, con opción en Economía, Magister en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Externado en alianza con la Universidad Columbia de Nueva York. Es Representante a la Cámara, Periodo Constitucional 2018 - 2022 por el Departamento del Meta, obteniendo la mayor votación de la lista del Centro Democrático. Hace parte de la Comisión Séptima Constitucional Permanente, la Comisión Legal de Cuentas, de la que fue Vicepresidente en el periodo legislativo 2018 – 2019, la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer, Comisión de emprendimiento, Bancada pro Bici, Comisión de la Niñez y Comisión para seguimiento de Conexión Pacífico-Orinoquia.