Es una invitación, para que se evalúe con serenidad desprovista de prejuicios, odios y pasiones, los riesgos y peligros a los que podríamos quedar sometidos los colombianos de ser elegido Petro. Clic para tuitear

La nación está empezando a entender, la decisiva importancia que tienen las próximas elecciones al Congreso de la República, así como las consultas de cara a la elección del próximo presidente.

Ya es evidente la movilización de ciudadanos, otrora ajenos e indiferentes a la política, que hoy advierten la necesidad de intervenir en el debate electoral. No hay duda, que el tema preferente en tertulias, coloquios y condumios sociales y familiares, son las próximas elecciones y su incidencia en el futuro del país.

Y es que los resultados de la contienda electoral del próximo 13 de marzo determinarán la consolidación de la democracia o su debilitamiento, y al parecer, los colombianos no quieren que se repita lo ocurrido en Chile, donde el 55% de los electores no votaron, y hoy con amargura y arrepentimiento se lamentan de no haberlo hecho, y con ello permitieron que un oscuro y perturbado populista sea quien determine el futuro de la nación austral.

Siendo evidente la regresiva ideología comunista de Petro, sus absurdas propuestas, sus obtusas ocurrencias, así como su desvergonzada confesión de querer mantenerse en el poder, es claro, que, de ganar las elecciones, la nación quedaría expuesta a una peligrosa inestabilidad legal e inseguridad jurídica, que pondría en vilo la vigencia de derechos fundamentales y garantías ciudadanas.

No existe duda, que, de llagar Petro al poder, se verían comprometidos derechos medulares de la democracia, como son la libertad de conciencia, de culto, de pensamiento, de expresión, de cátedra, de locomoción, de manifestación pacífica y de escogencia de profesión u oficio, y peor aún, el derecho a la propiedad, a la libre asociación y a la iniciativa privada.

Para nadie es extraño, que los corifeos, de lo que queda del desvencijado y ruinoso régimen de Miraflores, tengan inclinación a secuestrar capitales extranjeros, a vedar el derecho a giro, a proclamar la moratoria de la deuda pública, a imprimir papel moneda, a despojar la propiedad privada y a restringir la apertura de establecimientos de comercio al igual que la iniciativa privada tanto para nacionales como para extranjeros.

Tampoco extraña, el menosprecio de estos descolocados fletadores de turbas, por los principios que dan certidumbre a los tratados, los acuerdos, los convenios y los protocolos suscritos con otras naciones.

Gustavo Petro, es obsecuente seguidor del golpista Chávez, y ha demostrado a más no poder su invencible incapacidad e ineptitud para gobernar, su perfidia contra el sistema republicano, su empatía con los narcoterroristas de las Farc y su voracidad insaciable de llegar al poder, aprovechando las angustias y necesidades de los más pobres, y de la inocencia de ingenuos, incautos y desinformados.

El peligro que acecha a Colombia es serio y cierto, y su advertencia no constituye intimidación, amenaza o constreñimiento al elector, como tampoco inducción al voto. Es una invitación, para que se evalúe con serenidad desprovista de prejuicios, odios y pasiones, los riesgos y peligros a los que podríamos quedar sometidos los colombianos de ser elegido Petro.

Como lo anuncié la semana anterior, mi voto cívico, jurídico y académico será por Gabriel Velasco Ocampo al Senado y por Christian Garcés Aljure a la Cámara; líderes íntegros, capaces, laboriosos y visionarios que representan una nueva generación dispuesta a desterrar la corrupción y la ineptitud que caracteriza a la inmensa mayoría de la clase política colombiana, sin dejar de reconocer, la conveniencia de volver a elegir al Senado a Paloma Valencia Laserna y a María Fernanda Cabal Molina.

De igual manera, con profunda convicción ciudadana, votaré por Federico Gutiérrez en la consulta del Equipo por Colombia.

Con la participación cívica y activa de todos, lo mejores días de Colombia están por venir. Dios salve a Colombia y su democracia.

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