Y a ellos, ¿quién los llora?

CR (RA) Jaime Joaquín Ariza Girón

columnista invitado

@jaimear01450629

Y a ellos, ¿quién los llora? Columna de CR (Rva) Jaime Joaquín Ariza Girón Clic para tuitear

La guerra política se emplea para alcanzar fines y medios intangibles, enmascarados, oscuros que buscan destruir la voluntad de lucha del enemigo y hacerlo vulnerable.

Chiang Kai Shek

Uno de los aspectos de la guerra política ―estrategia que llevó a cabo Mao Tse Tung en la guerra civil china― es la “Acción de Estratagemas” que consiste en adelantar operaciones de manera coordinada y planeada con el único fin de que el enemigo cometa errores. Según el maestro teórico chino Wang Chueh-Yuan, autor del libro Teoría y táctica de la lucha de clases, este ejercicio “convierte a los caballeros en trúhanes; borra líneas divisorias entre el bien y el mal y engaña a personas sin que lo sepan”.

Errores: eso fue lo que buscaron los indígenas en el bloqueo injustificado que asedió, provocó y agredió a la población civil y al Estado, especialmente a sus Fuerzas Militares y de Policía; equivocaciones fue lo que esperaron los alevosos y vándalos que supuestamente infiltran las marchas planeadas y sin sentido que la izquierda y la oposición vergonzante efectúan cada vez más a menudo en aras de socavar la gobernabilidad y la legitimidad del Gobierno en ejercicio.

¿Qué errores? Una reacción desesperada, desproporcionada de la Policía o del Ejército que cause muertos, que derrame sangre y que les sirva como bandera propagandística en su campaña por desinstitucionalizar el país, dejándolo servido en bandeja para sus aspiraciones de poder local y nacional.

El ardid es la victimización, la permanente denuncia sin fundamento y la retórica contestataria “embravuconada” por el famoso proceso de paz como excusa fundamental para desafiar la autoridad y el Gobierno. Esta es una actitud permanente ejercida por sus militantes legales e ilegales en todos los niveles, teorías de conspiración, asesinato, genocidio, masacre, sistematicidad, desaparición forzada y tortura acompasados con la resurrección del paramilitarismo y otros fantasmas que requieren para mantener el equilibrio moral que justifique el desafuero de sus acciones.

El ardid es la victimización, la permanente denuncia sin fundamento y la retórica contestataria “embravuconada” por el famoso proceso de paz como excusa fundamental para desafiar la autoridad y el Gobierno. Clic para tuitear

El lamentable hecho del Catatumbo donde, según la Fiscalía, se cometió un homicidio, el de un exbandido de las FARC en proceso de reinserción y reintegración a la vida legal, sirvió para dar fuerza a la estrategia; tuvieron su sacrificable y con oportunismo denodado señalaron, condenaron, divagaron y presionaron con show de castración y todo como les gusta a los del Colectivo de Abogados y a la nomenclatura de los DD. HH.

El paladín de la guerra jurídica, Iván Cepeda, y el saltimbanqui de la política, Roy Barreras, muy presurosos, visitaron el lugar de los hechos y emitieron sendas sentencias contra un joven suboficial que no entró a la escuela de formación a delinquir, sino a servir a su patria como lo venía haciendo en una región adversa a los militares y con control de masa poblacional de los bandidos, población organizada, adoctrinada y envalentonada por la cantidad de prebendas de la cual gozan, gracias a las concesiones de un Gobierno embebido con la paz, el limbo y la ingobernabilidad existentes en las regiones de implementación de la misma. Según el dicho popular, “No hay novia fea ni muerto malo”, pero el occiso ya había estado comprometido en varias trifulcas, e inclusive, en una de ellas había perdido dedos de la mano.

Esto no justifica la acción, pero tampoco les da patente de corso para condenar prematuramente al suboficial y mucho menos a la institución que en forma disciplinada y estoica acompañó el proceso de desarme y desmovilización, así como, en la actualidad, el de reintegración, sin que nadie, ni autoridad o institución nacional o internacional, tenga el más mínimo reclamo por la actitud de los soldados de Colombia hacia los excombatientes. El ejemplo de patriotismo y profesionalismo, dado por el Ejército al aceptar el reto de ser la misma institución la garante de la seguridad y protección de sus antiguos enemigos, muestra la nobleza y lo limpio de su proceder.

Esto último tampoco es nuevo. Durante los últimos años del conflicto, en las diferentes unidades militares y establecimientos de Policía, se entregaron aproximadamente 32.700 ilegales en forma individual, de los cuales, 22.432 eran de las FARC y 4825 del ELN; 6339 mujeres y 4991 niños y adolescentes[1] sin que se presentara desafuero alguno. Muy por el contrario, por ser la primera fase del proceso, la desmovilización de pertinencia en su totalidad del estamento militar, las tropas acogieron a quienes de forma valerosa decidieron abandonar lo insulso de la lucha armada, los protegieron y guiaron hasta lograr su proceso exitoso de reintegración, reconstruyendo el tejido social en muchos lugares del conflicto y otorgándoles a ellos y a la ciudadanía de Colombia una política pública exitosa, única en el mundo en resolución de conflicto y en procesos de verdad, justicia y reparación.

Gracias a los testimonios brindados por los desmovilizados, se pudo mejorar en todos los niveles de eficacia en la lucha antiterrorista y se logró caracterizar los delitos de alto impacto que hoy fungen como acervo probatorio en serios procesos judiciales contra los cabecillas y demás responsables por masacres, asesinatos selectivos, secuestro extorsivo, narcotráfico, desaparición forzada, reclutamiento de menores y aborto, entre otros.

Esto lo saben los enemigos abiertos y agazapados del programa que no han ahorrado esfuerzo para sabotearlo y acabarlo, además de adelantar un sistemático plan de eliminación de desmovilizados que hoy ya suman más de 1219 ―1001 de las FARC y 218 del ELN― con el fin de callarlos y de ocultar la verdad de la intimidad tenebrosa que envolvía la guerrilla colombiana: 1219 que no lo lograron, que no fueron ni son noticia. ¡1219! Y a ellos, ¿quién los llora?

Esto lo saben los enemigos abiertos y agazapados del programa que no han ahorrado esfuerzo para sabotearlo y acabarlo, además de adelantar un sistemático plan de eliminación de desmovilizados Clic para tuitear

[1]              Datos del “Programa de Atención al Desmovilizado”, MDN, 2002-2017.