Y entonces, ¿me vacuno o no me vacuno?

Santiago Ospina

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En Colombia, somos casi 51 millones de personas, y para lograr la famosa “inmunidad de rebaño”, esa que se logra con un 60-70% de personas, en promedio, unos 31-36 millones de compatriotas... Clic para tuitear

Hace muy poco tuve la fortuna de conversar sobre el tema con un gran amigo (con doctorado en biología molecular), de leer un “post” sobre la “seguridad de la vacuna” en el muro del Facebook de un colega; y de discutir, en muy buenos términos y desde el respeto, con el comité técnico científico del que hago parte en un Grupo Empresarial del país. Con la oleada de “des/información” audiovisual y el “bombardeo” en redes sociales en lo que respecta a la vacunación, el llamado es a ser muy cuidadosos, oportunos y prudentes antes de emitir algún concepto en lo que al SARS-CoV2/Covid-19 respecta.   De ahí nace gran parte de esta columna.

Siendo este uno de los siete coronavirus que infectan a los seres humanos (de los más de 100 que existen) y de los cuales tres de ellos lo hacen severamente (incluyendo el SARS-CoV2).   Ya con su antecesor, el “SARS-CoV1”, había gran parte de la tarea científica adelantada y esto permitió un rápido desarrollo de la vacuna, sumado a las más de 40 mil personas reclutadas para los ensayos.   Sin embargo, cabe resaltar que el promedio de dicho desarrollo puede tomar entre 12 y 18 meses en promedio, y estuvo justo en el rango mencionado; además de que hubo disponibilidad de recursos financieros que permitieran su rápida producción, acorde a las nuevas tecnologías y desarrollos científicos de la época actual de la humanidad, tan diferentes a otras pandemias pasadas que también marcaron historia.

La vacuna contra la Covid19 está lista en un momento importante para la sociedad, donde la pandemia partió en dos la historia reciente del mundo entero, y al menos en el Reino Unido, los primeros en prácticamente reconocer abiertamente lo complejo del control de la evolución biológica de la pandemia; algo que podría considerarse desenfrenado e imparable (desde febrero aprox.) pero que, precisamente, puede llegar a mitigarse con la implementación de la vacunación en masa, más allá de nuevas cepas/mutaciones “más contagiosas” que pudieran afectar el funcionamiento de la vacuna actual pero que si podrían verse implicados estos hallazgos en modificaciones futuras, según los resultados que vayan arrojando mayores estudios.

Estamos viviendo la “ciencia en tiempo real” y lo que se sabe, actualmente, es que la vacuna no ha ocasionado reacciones alérgicas; solo ha tenido escasas alteraciones de la musculatura facial (parálisis) con recuperación completa (sin secuela alguna); muy pocos caso aislados de infección por el virus a pesar de su aplicación, mas las personas cursaron asintomáticas o no tuvieron que ser hospitalizadas ni ingresadas a Unidad de Cuidados Intensivos (UCI); y muy importante resaltar que no se ha presentado ningún caso de mortalidad asociada.

Como en el caso de algunas de la infancia y otras en general, una vacuna puede generar dolor muscular en el sitio de la aplicación, fiebre mientras el cuerpo va generando los nuevos anticuerpos (las defensas) y se podrían esperar los efectos secundarios, en promedio, hasta de un mes y medio con respecto a la última dosis aplicada.   Esto último ya fue estudiado y, en el caso de nuestro país (no sabría decir si afortunadamente), cuando lleguen las primeras vacunas hacia febrero/marzo de 2021 o incluso para el segundo trimestre del mismo año, ya habrán pasado mucho más de 6 semanas de la segunda dosis de los países que iniciaron con la vacunación en diciembre del año que está finalizando.   Esperamos que se puedan cumplir con las fases planteadas para iniciar vacunando desde los trabajadores de la salud, la población mayor a los 60 años, los profesores y la población con comorbilidades (vulnerables), hasta llegar a la última etapa donde se alcance la población sin vulnerabilidad, entre los 16-59 años.   Probablemente, para los menores de 16 años la vacunación tome un poco más de tiempo pues no se ha estudiado en este grupo etario ni en mujeres embarazadas; e infantes y adolescentes, usualmente sanos, suelen ser, estadísticamente hablando, asintomáticos o con sintomatología leve, en su gran mayoría.

Entre las varias opciones de vacunas disponibles o por venir, dentro de las diferencias entre las cuatro más mencionadas, a parte de los costos según la marca y la tecnología biomolecular utilizada para desarrollarlas, también está la cadena de frío (la refrigeración/congelación en la que deben estar para garantizar su conservación), la aplicación a mayores de 16 o de 18 años; los tiempos entre la primera y la segunda dosis (21-28 días), e incluso no ingerir licor por algo más de un mes.   Igual, todas parten de los mismos principios así que es algo que no debe tomarse como desconocido, cumplen fases que disminuyen notablemente los riesgos y que no pueden saltarse dentro de los estudios clínicos.

En Colombia, somos casi 51 millones de personas, y para lograr la famosa “inmunidad de rebaño”, esa que se logra con un 60-70% de personas (contagiadas o vacunadas) sería, en promedio, unos 31-36 millones de compatriotas, antes de empezar a contemplar siquiera dejar de lado la mascarilla (tapabocas/narices), poder estar en aglomeraciones, entre otras tantas cosas de bioseguridad que se han ido aprendiendo en el transcurrir de este año.   Y si se habla de la evolución natural de la enfermedad, vamos “apenas” en algo más de un millón y medio de contagios, con la salvedad de que, con la vacuna, como se mencionaba en algún párrafo anterior, la mortalidad es cero y las complicaciones prácticamente nulas y se llegaría o nos acercaríamos mucho más rápido al “porcentaje mágico” donde las cosas empezarían a “normalizarse” nuevamente.

Con respecto a la respuesta a la pregunta inicial, como dicen los psicólogos: “les devuelvo la responsabilidad”. Pues,

“… basados en principios y valores como la vida, la prevalencia del interés general sobre el particular, la solidaridad…” y sabiendo que la decisión va muy arraigada a las ideologías, es importante recalcar que algunas vacunas pueden prevenir el contagio como tal y lograr la erradicación de una enfermedad u otras que, en el caso de contagiarnos, se tornan de gran ayuda y “ni nos demos cuenta de que nos dio la enfermedad” (personas asintomáticas) o los síntomas sean leves y podamos recuperarnos de “una mala gripa, estando de reposo en casa”.

Aclaración importante: la vacuna no trae un “chip 5G” que “nos van a implantar los gobiernos del mundo para manipularnos y controlarnos”.   A esa privacidad renunciamos hace un buen rato, desde el momento aquel en el que decidimos adquirir un celular y/o crear una cuenta en cualquier red social, sincronizando nuestra vida real con la virtual.

Anécdota/propuesta: la vacuna contra la fiebre amarilla se reforzaba cada ciertos años, ahora se sabe que da inmunidad de por vida y que con una sola aplicación es suficiente.   Se aplicaba a los 12 meses de nacidos, ahora se pone a los 18 meses.   Esta vacuna, opcional en algunos países y que hace parte del PAI (plan ampliado de inmunizaciones) de nuestro país, se hace necesaria para visitar algunos lugares en Centroamérica, Suramérica, Asia y África.   Si esos lugares no son su destino de viaje, o incluso un paraíso terrenal local como el Parque Tayrona, dentro de esta Tierra Querida, no es de su interés, a lo mejor tener o no la vacuna de la fiebre amarilla, para algunos puede ser “opcional” (igual, me la pondría de ser necesaria y, de hecho, soy de la generación de quienes tuvimos que aplicarnos refuerzos y no una dosis única).   Pero en el contexto de una pandemia, que nos compete a todos, la primera (y ojalá la última) que nos toca, que solo quedan 8 países del mundo por tener contagiados; ahí sí, con lo que se sabe hasta el día de hoy, la recomendación sería que: “quien se la pueda poner, ¡qué se la ponga!”.

Para terminar, y a pesar del nuevo confinamiento, toques de queda, protocolos de bioseguridad, cuarentenas, voltajes por encima de lo acostumbrado, sinfines de información, nuevas realidades y de la sobredosis de aprendizajes, espero de todo corazón qué prime la salud con integridad (física / mental / emocional / espiritual), y que el 20 21 llegue ¡con toda!   Mis mejores deseos para todas las personas lectoras de #ElParche y sus seres queridos.

A disfrutar bastante, dentro de lo que cabe, hasta donde lo inherente a la pandemia y sus restricciones inherentes nos lo permitan: ¡Felices fiestas!

Santiago Ospina Fonnegra
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Soy Santiago Ospina Fonnegra; nací el 8 de julio de 1.982 en Medellín, Antioquia; orgullosamente de nacionalidad colombiana y montañero pues es imposible negar las montañas del hermoso Valle de Aburrá. … Soy escolar – 1992 – de la escuela Alfredo Cock Arango; bachiller – 1998 – técnico industrial en fundición y metalurgia del Instituto Técnico Industrial Pascual Bravo; Médico & cirujano – 2007 – de la Universidad de Antioquia; especialista en salud ocupacional – 2015 – de la universidad Ces.