¿Y los moteles pa’ cuándo?

MD. Santiago Ospina Fonnegra

Santiago Ospina
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Santiago Ospina

La sexualidad es inherente a la humanidad, a los mamíferos y demás especies de reproducción sexuada, especies que comenzamos a contar la historia desde la “meiosis”, aquel proceso donde se reparten los cromosomas para dar lugar a un nuevo ser.   Podría llamársele también un “instinto animal”, con el fin o no de preservar la raza humana y, exceptuando quienes prediquen el celibato, la castidad y/o la abstinencia, es una necesidad que puede considerarse, para la mayoría, algo más allá de lo netamente fisiológico.

Durante la cuarentena, tal vez, se ha incrementado su práctica en pareja como parte de la vida sexual en el hogar.   El término de vida sexual “activa”, es aquel considerado como un mínimo de tres relaciones sexuales por semana.   Algunas personas, también han incrementado; en medio de la abstinencia y la soledad o la “solitariedad”; las conductas de autoestimulación (masturbación), que desde que no generen un sentimiento de autoculpa, al finalizar dicha práctica, y no afecte el rendimiento de otras tareas personales y laborales, no tendrían de qué preocupar.

Los moteles – hablando desde la seguridad y salud en el trabajo – técnicamente cumplen, incluso desde antes de esta era de coronavirus (SARSCoV2/CoViD19), los protocolos de riesgo biológico y la disposición final adecuada de los residuos y desechos biosanitarios conforme lo estipula el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos – PGIRS – donde se adopta la metodología para la formulación, implementación, evaluación, seguimiento, control y actualización de los planes de gestión integral de residuos sólidos”, instrumento que hace parte obligatoria de planeación municipal, distrital o regional.   Simplemente, tendrían la obligación, como cualquier otra actividad económica, de adoptar y adaptar el protocolo de bioseguridad, conforme lo estipula la resolución 666 del 24 de abril de 2020, y lo emitido por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo; el Ministerio de Salud e incluso, lo que seguramente deben conocer, desde el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.   Tanto a moteles como a hoteles y residencias, se les debe realizar, un mínimo de tres visitas al año.   Allí va un técnico de saneamiento y, en ocasiones, lo acompaña un profesional de la salud.   La primera visita diagnostica la situación higiénico-sanitaria, y en las dos restantes realizan el seguimiento y evaluación de las exigencias y recomendaciones realizadas previamente.

El jueves 25 de junio de 2020, el Gobierno Nacional en el decreto 878, extendió el “Aislamiento Preventivo Obligatorio” en nuestro país, hasta el miércoles 15 de julio del año en curso.   Cabe resaltar que los moteles también cuentan con leyes, resoluciones y decretos, que los obligan al saneamiento de edificaciones, la obligatoriedad de promoción del uso del preservativo, prevención del consumo de sustancias psicoactivas, la manipulación higiénica de alimentos, las normas técnicas de calidad del agua potable, y la prevención y control del virus de inmunodeficiencia humana – VIH –.   El término “Motel”, en teoría, se ha aplicado a lugares “situados junto a las autopistas o en cruces de carreteras muy transitadas, que están destinados especialmente para albergar durante una noche a viajeros con vehículo que están de paso por el lugar”.   Sin embargo, también hay residencias, establecimientos y hoteles, donde, según los recursos económicos, “se hace el gasto”, con el mismo fin.

Es, así pues, como el personal que labore dentro del motel debe cumplir los protocolos “de siempre” y adicionarle las medidas de prevención del contagio de este coronavirus; muy similares, de hecho, a lo que hacen desde mucho antes por ser un sitio de alto riesgo biológico, por la exposición inherente a diferentes fluidos corporales, incluyendo el semen, la orina, la materia fecal y las secreciones vaginales.   Estas medidas, ya bastante promulgadas, serían: el correcto lavado de manos, el uso del desinfectante o, también llamado, alcohol glicerinado; toser o estornudar hacia el pliegue del codo o hacia el hombro; evitar el contacto con personas con síntomas respiratorios, usar correctamente el tapabocas/narices, continuar el distanciamiento de más de dos (2) metros por períodos mayores a 15 minutos; desinfectar superficies y objetos que se tocan frecuentemente, la limpieza de las suelas de los zapatos y la toma de la temperatura al ingreso, así la factura del datafono se emita a nombre de un establecimiento con un nombre no sugestivo para evitar malos entendidos y proteger la confidencialidad.   Al igual que el control diario del estado de salud de las personas quienes trabajen en estos recintos y, en teoría, no tengan contacto directo y estrecho con los visitantes.   Algunas personas ingresan en vehículos propios de dos o cuatro ruedas, o en el servicio de taxi o carros solicitados a través de plataformas tecnológicas; la alimentación, usualmente, se entrega por una pequeña ventana para mantener en el anonimato las personas que están en la habitación.   Se higienizan y desinfectan las superficies cuando abandonan la habitación, y hacen el recambio completo de sábanas, fundas, toallas, entre otras; así como la desodorización respectiva del ambiente post coital, utilizando los elementos de protección individual – EPI – adecuados para la realización de estas tareas diarias de limpieza.

Los moteles tienen los llamados puntos críticos, por lo ya mencionado previamente.   Estos espacios ameritan mayor vigilancia y control: habitaciones, servicios sanitarios (unidad sanitaria y ducha), y los servicios complementarios (jacuzzi, bañera, sauna, turco, etc.)   Pues son allí donde, los micro y macroorganismos, por su naturaleza y características fisicoquímicas pueden ser causa de enfermedad o lesiones personales, al estar en contacto con hongos, virus, bacterias, parásitos y artrópodos.   Así como otros factores de riesgo a los que se exponen – tanto quienes trabajan allí como quienes hacen uso de los establecimientos –, de tipo psicosocial, psicolaboral, infecciones de transmisión sexual y otras afecciones asociadas a la promiscuidad.   * Promiscuidad: término definido, medicamente hablando, como “el tener más de una pareja sexual por año”.

La ética es algo netamente individual, diferente a la moral que está inmersa en la sociedad general, así suenen parecidas.   Como individuos tenemos libre albedrío, y es desde la ética que se toman o no las decisiones a realizar, así estén bien vistas o no por la sociedad o incluso por la llamada: “doble moral”, que se puede tener frente a algunos temas controversiales, que no son “harina de este costal” y no vienen al caso en lo escrito para esta columna.   La infidelidad o la fidelidad, va muy de la mano de lo mencionado anteriormente, pues cada persona decide si es correcto o no, si lo hace o no, sí está bien o no; al menos en los países donde hay monogamia, así en algunas regiones del país sea la poligamia una práctica aceptada o en algunos países como los del medio oriente, donde un jeque puede tener su harem, de hasta cuatro princesas, desde que tenga cómo ofrecerle a cada una de ellas, su propio palacio; eso sí, sin prácticas grupales con él ni tener relaciones íntimas entre ellas, quienes pueden ni siquiera llegar a conocerse.

Las salidas a “moteliar” se presentan tanto en las relaciones estables, como en las casuales que sólo buscan pasar un buen rato sin ningún tipo de compromiso; así como las llamadas “oficiales” y las “no oficiales” – mozo/moza –, como coloquialmente se les llama a las personas con quienes se “echan una canita al aire”.   Cualquiera de estas razones con el fin de “oxigenar la relación” y cambiar el entorno donde habitualmente se lleva el acto sexual y que, obviamente, sean partidarios de visitar estos “recintos para el sexo y el amor”.

En cuanto a las sanas fantasías sexuales e incluso hasta las aberraciones, donde se ponen en riesgo la integridad física y psicológica, pudiéndose necesitar incluso ayuda psicológica/psiquiátrica, en algunos casos puntuales.   Es importante resaltar que la intimidad tiene este nombre, incluso para quienes tengan una conducta voyerista o se diviertan con el sexo grupal, llamado trío, u orgías (cuando suman más de tres personas), porque son conductas íntimas, valga la redundancia, del placer individual y con el número de personas que tengan y obtengan placer, usualmente, por tradición, el disfrute en pareja, ya sea heterosexual o con la simpatía, identificación u orientación hacia alguna de las definiciones de las letras de la sigla icónica de la diversidad sexual: LGTBIQ (Lesbiana, Gay, Transexual/Transgénero, Bisexual, Intersexual, Queer), y es, precisamente, esa intimidad la que permite tener el grado de confianza suficiente para conversar diferentes temas, incluso tabúes, tales como: “En dónde le gusta, qué le gusta, cómo le gusta, por dónde sí y por dónde no le gusta, con qué intensidad le genera o no placer; entre muchas otras de la infinita creatividad del ser humano.

En el caso de los moteles, si sugiero respetuosamente en el contexto de este coronavirus, que se inhabiliten las habitaciones grupales y/o sólo permitan, por ahora, el ingreso a dos personas por habitación.   Además de recordar que el virus está presente en cualquier fluido corporal: lágrimas, salivas, expectoraciones, jugos gástricos, heces fecales, orina y semen.  A la fecha, el único fluido donde no se ha hallado la positividad del virus, es en la secreción y el flujo vaginal.   Por estas razones, se debe recordar el ducharse antes y después de la relación sexual, la limpieza adecuada de los juguetes sexuales, seguir usando el preservativo y la protección oral.   El tapabocas como recomendación actual vigente, aunque si la pareja es estable, conviven y comparten el mismo espacio seguro en casa, así como la habitación, los servicios sanitarios y prácticamente hasta el plato, el vaso y la cuchara; al tratarse de un nexo epidemiológico, un contacto estrecho por el contacto habitual de pareja, no sólo hablando dentro del contexto sexual y siendo conscientes del riesgo, podría hacerse caso omiso de la mascarilla durante estos momentos de pasión; y por obvias razones, aquellos que disfruten de posturas del “Kama-Sutra”, como el “6 y 9” (180°), para practicar el coito per so (sexo oral), ya sean felaciones o cunnilingus.   Así como disfrutar de otras variables que ofrece “la silla del amor” y las habitaciones temáticas que se implementaron de forma innovadora, para estos momentos de esparcimiento y diversión sexual cuando se esté “moteliando”.

Santiago Ospina Fonnegra
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Soy Santiago Ospina Fonnegra; nací el 8 de julio de 1.982 en Medellín, Antioquia; orgullosamente de nacionalidad colombiana y montañero pues es imposible negar las montañas del hermoso Valle de Aburrá. … Soy escolar – 1992 – de la escuela Alfredo Cock Arango; bachiller – 1998 – técnico industrial en fundición y metalurgia del Instituto Técnico Industrial Pascual Bravo; Médico & cirujano – 2007 – de la Universidad de Antioquia; especialista en salud ocupacional – 2015 – de la universidad Ces.