La paz de Versalles colombiana

CORONEL (R) LUIS ALFONSO PLAZAS VEGA

La paz de Versalles colombiana Columna del Coronel Luis Alfonso Plazas Vega, Ex director nacional de estupefacientes Clic para tuitear

“No ha habido un tratado de paz que haya dejado más muertos en la humanidad, que el Tratado de Paz de Versalles de 1919”

El día 11, del mes 11, a la hora 11 y 11 minutos, del año de 1918, se firmó el armisticio que daba lugar a la finalización de la Primera Guerra Mundial, un desastre que dejó más de once millones de muertos y una Europa completamente devastada. El armisticio finalizaba esa guerra, pero daría lugar a que se incubara una peor: la Segunda Guerra Mundial.

Veamos como ocurrió todo:

Las naciones europeas estaban agotadas, económica, militar y demográficamente. No había familia que no hubiera tenido una joven víctima de esta desgarradora confrontación. Francia, con el apoyo de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos había triunfado, y era necesario firmar el armisticio o cese de hostilidades.

Y se escogió para tal efecto el vagón de un tren de la región de Compiegne, Francia, donde se llegó a la decisión de parar el conflicto. Tan destruido estaba todo, que ese vagón les permitía alguna comodidad a los firmantes. Allí el general francés Ferdinand Foch y el Ministro de Estado Alemán Matías Erzberger acordaron que, en el término de seis meses, ya sin confrontación, se firmaría un Acuerdo de Paz estable y duradera.

El Acuerdo se firmó en enero de 1919, como “Tratado de Paz de Versalles” en francés, inglés y alemán; a la ceremonia asistieron 50 países de todo el mundo. Se llevó a cabo en el salón de los espejos del Palacio de Versalles, porque había que buscar un lugar significativo. Colombia afortunadamente no asistió, no se prestó para ese espectáculo, como sí lo hicieron varios países sudamericanos.

El vagón de tren en Compeigne, el día de la firma del armisticio. Con bastón Petain, general Francés.

El contenido del tratado era una colección de atropellos a la nación alemana: su geografía amputada en diferentes regiones, su ejército mermado casi desaparecía, y su pueblo sometido a condiciones ignominiosas. Contemplaba las más absurdas exigencias económicas y las más humillantes cláusulas sancionatorias. Los alemanes se quejaron que eso no era un acuerdo, pues tales cláusulas habían sido redactadas por los vencedores, sin participación de las naciones derrotadas como Alemania y el Imperio Austrohúngaro. Pero se le llamó “el Acuerdo de Paz de Paris”.

A los derrotados se les advirtió que “su rechazo significaría la reanudación de las hostilidades”. Fue una paz decretada que nadie compartía. No era paz, era un sometimiento. Una paz que permitió que un engendro político llegara al poder con la sola promesa política de reivindicar a una Alemania humillada: Adolf Hitler. El nuevo líder afiliado al partido Socialista Alemán, o Nacional Socialismo, más conocido como partido Nazi, hizo su campaña con la promesa de recuperar unas fronteras usurpadas con la tesis del espacio vital: el “levensraum”, de reorganizar un ejército menospreciado que encarnaba el amor del pueblo alemán: la “wehrmacht”; y de devolver al pueblo su dignidad mancillada por el “Acuerdo de Paz de Paris”.

Los alemanes política y militarmente se alistaron en la clandestinidad, incluyendo a los generales. Claro que Hitler fue el malvado líder, pero la semilla era todo el pueblo alemán. Eso está claramente expresado en el libro “Los generales alemanes hablan” escrito por el genio militar británico Sir Basil Henry Lidell Hart. *

Desatada la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, y luego de que entre los alemanes y los rusos se adueñaron de Polonia en forma coordinada, los alemanes invadieron a varios países de Europa, incluyendo nada menos que a Francia. Fue una derrota contundente. En el año de 1940, en tan solo cuatro semanas cayó Paris. Y los líderes políticos franceses, fueron obligados a firmar la rendición, nada menos que en el “Vagon de Compiegne”, el mismo en el cual doce años atrás los alemanes se habían visto obligados a firmar su rendición.

Tropas alemanas desfilan por el Arco del Triunfo después de ocupar Paris.

Francia fue amputada en buena parte de su territorio, Hitler se atrevió a ordenar el incendio de la capital, orden que sus generales no se atrevieron a cumplir por respeto al tesoro arquitectónico de la ciudad luz. Como loco Hitler preguntaba por teléfono: “¿Arde Paris?”, a lo que sus generales contestaban que sí. Cuando Hitler entró a Paris, entendió el que sus militares no hubieran cometido semejante barbaridad, y decidió más bien organizar un desfile al estilo napoleónico, para humillar aún más a sus habitantes.

El mundo vio desfilar a Adolfo Hitler victorioso bajo el Arco del Triunfo. Al Mariscal Felipe José Petain, héroe de la primera Guerra Mundial, le correspondió la defensa y por ende la derrota en la batalla de Paris. Una vez firmada la paz recibió la orden de establecer la capital de la Francia derrotada en la ciudad de Vichy. Allí Petain manifestó que Francia había triunfado, porque había salvado esa parte del territorio, y había logrado la paz con Alemania. Son puntos de vista históricos, de militares derrotados, y dispuso que sus hombres no lucharan más para evitar mayor baño de sangre.

Pero un comandante de División de Blindados de Francia, no estuvo dispuesto a cumplir esa cobarde decisión, era el Brigadier Charles De Gaulle. Petain ordenó pasarlo detenido, pero sus tropas no pudieron o no lo quisieron hacer. De Gaulle fue sometido a juicio en ausencia por la Francia de Vichy del mariscal Petain y condenado a muerte.

En esas condiciones se unió a las tropas británicas que seguían luchando contra Hitler, y con ellas participó en el repliegue y la retirada de Dunquerque, en la cual millones de libras esterlinas en equipamiento militar, se perdieron, pero se salvaron más de 100.000 hombres ingleses y franceses que lograron ser transportados hasta las costas británicas. Se había preservado la integridad de las fuerzas, aunque no su equipamiento y vituallas. Esas mismas fuerzas, tres años después serían parte de la avanzada principal en el desembarco de Normandía junto con tropas estadounidenses, bajo el mando de Dwight D. Eisenhower y la dirección política de Winston Churchill, el 6 de junio de 1944.

Reconquistada esta parte de Europa, Charles De Gaulle con su División Blindada y el máximo grado de general de Francia, encabezó la recuperación de París y desfiló triunfante con sus tropas por el Arco del Triunfo.

El Fort du Portalet, en los Pirineos, donde el mariscal Pétain fue internado en 1945.

La justicia francesa sometió a juicio esta vez, al general Petain, el resignado presidente de la Francia de Vichy, en la cual se había declarado triunfante para ocultar su verdadera derrota. El jurado condenó a muerte al mariscal por traición a la patria y cobardía.

Cuando le pasaron para su firma al nuevo presidente de Francia Charles De Gaulle la fatal sentencia, este manifestó: “Yo no puedo condenar a muerte al héroe francés de la Batalla de Verdún en la Primera Guerra Mundial”, y le conmutó la pena por la de cadena perpetua. Lo trasladó de los Pirineos donde fue confinado inicialmente. Le asignó un batallón en la isla de Yeu, para permanecer por el resto de sus días, le mantuvo su rango militar y la obligación de quienes le cuidaban de respetarlo y rendirle los honores correspondientes a su jerarquía. Petain murió allí en 1951.

La segunda Guerra mundial como fruto del Tratado de Paz de Versalles, le dejó a la humanidad el saldo vergonzoso y aterrador de cerca de cincuenta millones de muertos.

El 27 de septiembre de 2016, en Colombia y guardadas proporciones, se firmó el Tratado de Versalles colombiano, con el nombre de “Acuerdos de Paz”, entre las tropas castristas denominadas Farc y el gobierno nacional. El documento estaba colocado sobre una carpeta de pasta dura con el escudo no de Colombia, sino de Cuba. El pueblo colombiano fue humillado por los firmantes del acuerdo, después de haber sido ensangrentado por las Farc y atropellado por sus adeptos. Se hizo en el más emblemático lugar de nuestra patria: Cartagena de Indias. Las coincidencias con la historia del Tratado de Versalles son varias, y sencillamente aterradoras.

El presidente Santos, Raúl Castro dictador cubano y el jefe terrorista Rodrigo Londoño alias “Timochenko” celebran la firma de los “Acuerdos de Paz”, una semana antes de ser anulados por el pueblo colombiano.

Con lo que el gobierno de JMS, en unión de sus colegas de La Habana y de las Farc, consideró sus objetivos, lo que le esperaba a la nación colombiana era denigrante y espantoso, y al igual que nos lo indica la historia, hubiera podido ser el germen de un baño de sangre peor que el de Venezuela, a manos de quien sabe que terrorista elevado a los altares de la presidencia vitalicia en Colombia.

Pero cuando todo se veía perdido, cuando quedaba la última opción para evitarse una tragedia nacional, los colombianos votaron NO a la torticera pregunta del gobierno nacional y pidiéndole a Dios que salvara a Colombia, consiguieron que la Registraduría Nacional del Estado Civil, respetara los resultados victoriosos del pueblo colombiano.

Quienes no los respetaron fueron el gobierno y los congresistas elegidos por el mismo pueblo que le dijo NO a la infamia comunista y a los narcotraficantes de las Farc.

Hoy violando la democracia desde sus raíces, nos han impuesto los tratados que el pueblo no aceptó, empezando por el más degradante engendro de los acuerdos de Paz: la llamada Justicia Especial para la Paz.

Hoy violando la democracia desde sus raíces, nos han impuesto los tratados que el pueblo no aceptó, empezando por el más degradante engendro de los acuerdos de Paz: la llamada Justicia Especial para la Paz. Clic para tuitear

¡Dios proteja a Colombia!

Luis Alfonso Plazas Vega
Acerca de Luis Alfonso Plazas Vega 6 Articles
Sin duda el más caracterizado y eficiente director de estupefacientes de Colombia. Enfrentó a las mafias del narcotráfico siendo funcionario durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, entre agosto de 2002 y noviembre de 2004. Oficial del Ejército Colombiano, ingresó a la edad de quince años como cadete de la Escuela Militar y alcanzó el grado de coronel, con el cual se retiró en 1992. Es Administrador de Empresas de la Universidad América, especializado en Administración Pública de la ESAP, Diplomado en Alta Gerencia en la Universidad de Los Andes y Diplomado en Asuntos Internacionales en la Sociedad de Asuntos Internacionales de Madrid. Se ha desempeñado como agregado militar en Madrid, Ministro plenipotenciario en Pretoria (Sudáfrica). Delegado de Colombia en la Novena Conferencia de la UNCTAD en Midrand (Sudáfrica).